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Espiritualidad indígena ecofeminista. Mayoral

HACIA UNA ESPIRITUALIDAD INDÍGENA ECOFEMINISTA

 Rosa Margarita Mayoral B.

Introducción

Hoy nos vemos envuelt@s y dominad@s por una corriente que quiere acaparar y matar el corazón humano de las personas, además de acaparar y matar las fuentes de vida de la humanidad como son el agua, el aire, la tierra, las semillas de vida sembradas por Dios Madre- Padre en el ser humano y en la Madre Naturaleza. Nos envuelve una crisis de civilización y de sentido global de nuestra existencia.

El sistema capitalista globalizado por el neoliberalismo que se fundamenta en el individualismo y en la sobrevivencia del más fuerte, se ha impuesto sobre la humanidad y sobre nuestro planeta. Este sistema capitalista neoliberal al ser excluyente de las mayorías y destructor de la naturaleza, es un sistema de muerte. Se contrapone al proyecto de Dios que es de vida.

En el proyecto de Dios se encuentran las personas,  las comunidades, los pueblos que luchan por la vida y se resisten a todo lo que lleva a la muerte del ser humano y de la naturaleza. Los que trabajan por una sociedad más humana, justa y solidaria, los que defienden la dignidad y la vida de cada persona. La vida humana y la vida de la naturaleza son sagradas porque su fuente es Dios Madre-Padre de la vida. 

En la capacidad de lucha por la vida y resistencia por la defensa de la vida de los pueblos empobrecidos y excluidos de este sistema, fundamentada en su experiencia de Dios, encontramos una Fuente a la que debemos encaminar nuestros pasos con los pies descalzos y sumergirnos con el corazón. Y de esta manera encontrarnos con el “Espíritu de Dios que desde siempre aletea en las profundidades  de las aguas” de cada rincón del universo. (Gn 1,1b )

Necesitamos volver a nuestras fuentes para encontrarnos con el Dios de la vida, para hacerle frente a este vacío y soledad caótica neoliberal. Necesitamos vivir del Espíritu, para levantar el espíritu de las personas, de los pueblos, de la humanidad y de la naturaleza entera. El Espíritu, según el testimonio de la las Escrituras, plenifica el universo y renueva constantemente la estructura del cosmos.

¿Qué es “Espiritualidad”?

Hoy se habla tanto de “espiritualidad” término de cierta forma nuevo en el mundo teológico, pero, ¿de qué se trata específicamente?  Entiendo la “espiritualidad” no sólo como vida en el Espíritu o todo lo que atañe a él, o todo lo que tiene que ver con Dios,  como ese ser más profundo desde el cual nos movemos, como esa fuerza que tomamos de Dios para vivir o actuar, ese centro que parece invisible, pero que descubrimos a través de nuestras capacidades, pensamientos, deseos, recuerdos, sueños, sentimientos, quereres, amores. Espiritualidad es lo que pasa en nuestro más profundo centro, nuestro dinamismo, nuestra responsabilidad ante la vida. La capacidad de construirnos a nosotr@s mism@s, nuestras relaciones y nuestro entorno.

Espiritualidad es  la fuerza que nos hace capaces de llevar a cabo el proyecto de Dios, que va más allá de nuestras fuerzas, que no se agota en los recipientes. El Espíritu transforma el caos en vida, rompe los esquemas, nos lanza, nos mueve, transforma al pobre en poderoso para la vida.

Según el pensamiento indígena, el mundo había existido no una, sino varias veces, habían existido ya cuatro soles y cuatro tierras, las cuatro fuerzas primordiales –agua, tierra, fuego y viento- habían presidido esas edades o soles, hasta llegar a la quinta época, designada como la del Sol de movimiento. Cada edad  o sol termina con un cataclismo, pero de ahí surgen formas mejores.

El primer empeño de los dioses fue cimentar de nuevo a la tierra. Trajeron para esto a la que llegaría a ser la diosa de la tierra, circundaron a la diosa de la tierra. Apretándola con tal fuerza, que la partieron en dos. De una de sus mitades hicieron la superficie de la tierra y de la otra la bóveda del cielo y de ella nacieron todas las cosas. De sus cabellos se originaron los árboles, las flores y las hierbas. En su piel brotaron las hierbecillas. De su boca nacieron los ríos y las cuevas. Las montañas y los valles provinieron de su nariz y de sus espaldas. Aún era de noche, no había ni luz, ni calor. Tales son las palabras con las que se introduce el mito de la creación del Sol en Teotihuacán…. Del caos, surge la vida, acción divina que hizo posible la vida y el movimiento de esta quinta edad del mundo.(1)

El teólogo suizo Hans Urs von Balthasar escribió:  Espiritualidad es la actitud fundamental, práctica o existencial, que es consecuencia y expresión que la persona da a su existencia religiosa, o más generalmente, a su compromiso  ético” (2)

 Así que traducimos concretamente, la espiritualidad es el “sentido que se puede dar a la vida”. Pero ¿Qué sentido puede tener la vida si no está en relación con el otr@? , ese otro no es solamente el otr@ human@, sino todo ser vivo, toda la creación y finalmente el “Otro” Dios.

En su término más radical “Espíritu” tiene que ver con la Ruah en hebreo, es la fuerza, el impulso, viento fuerte, dinamismo para vivir  que Dios da a cada persona para subsistir, para llegar a acuerdos. Todas las tradiciones espirituales recuerdan a la humanidad la presencia divina en todos los seres y llaman para que el encuentro con la divinidad se dé en esta comunión con la naturaleza. La experiencia de la tradición indígena nos puede ayudar en este camino. 

Otro mundo es posible, con rostro de mujer indígena.

Todos los pueblos viven por su cultura, que les proporciona las herramientas y el modo de ser para ubicarse en el mundo. Los pueblos indígenas tienen una cultura milenaria que ha pasado de generación en generación por las tradiciones orales, ritos, símbolos y relatos. Personalmente he tenido la dicha de compartir con las comunidades indígenas, de enriquecerme con su visión del mundo, de sentirme aceptada y digna de confianza entre ell@s. He compartido la vida con mujeres indígenas ecuatorianas: Shuaras, Cofanes, Kichuas, Siona- Secoya y en México con mujeres indígenas Purépechas, Rarámuris y Ódamis.

Recientemente en el primer congreso internacional de mujeres indígenas, ellas declaraban: “Hemos sido responsables  de que los valores y principios se mantengan vivos en nuestras culturas; por eso hemos tomado la decisión de  ser sujetas activas y protagonistas de la historia y dejar de ser objetos folklóricos” (3)

Las luchas de las mujeres indígenas de nuestros pueblos han sido importantes, aunque muchas veces invisibilizadas porque durante siglos, la historia no ha sido contada, o si lo ha sido es por varones. En consecuencia podemos decir que la historia de las mujeres  es la historia del silencio y, de ahí su invisibilidad.

Las  mujeres son a menudo las que, de distintas maneras, principalmente cuidan la vida y la seguridad de la comunidad. “Las débiles de la comunidad son fuertes y valientes, y si unimos la debilidad de las mujeres y la debilidad de los indígenas, encontramos mucha fuerza con la ayuda de Dios”. La participación de las mujeres ha estado íntimamente ligada a la defensa de la tierra y del territorio indígena, la comunidad”. (4)

Aquí nos vinculamos con un elemento de la sabiduría y espiritualidad indígena que es el respeto hacia la tierra, hacia la naturaleza. La tierra es el lugar donde se lleva a cabo la vida comunitaria y el lugar de encuentro con la sabiduría, es considerada un sujeto vivo, le piden permiso para sembrar o construir una casa, pues con el trabajo la van  a herir. Las mujeres tienen una relación especial con ella, hay una comunicación íntima de mujer a “mujer tierra”. Ambas se integran en los ciclos de la naturaleza y colaboran dando vida. Las mujeres tienen una sensibilidad especial para comprender la problemática de la tierra, pues saben dialogar con ella, por eso la cuidan, la protegen y conservan. Desde allí nos enseñan a mantener y a proteger la armonía del ecosistema y a luchar contra quienes la explotan y la acaparan de manera irracional. 

“Yo siento a Dios de otro modo” (6)

El aporte propio de la experiencia femenina a la espiritualidad nace y se desarrolla en el seno del pueblo pobre. (7) Esta frase reivindica el derecho  de sentir de distinta forma, y consiguientemente de expresar también de otra manera nuestra particular experiencia de Dios. Por nuestra parte como mujeres afirmamos nuestro derecho a ser, a sentir y a expresarnos de manera diferente, la diferencia más que una amenaza es la oportunidad para enriquecernos.

Nuestro cuerpo de mujer, naturalmente capacitado para ser espacio habitado por la vida, ha sido reducido a objeto de tentación. Hoy nosotras creemos que tenemos el derecho a sentir a Dios de manera diferente, sentir a Dios en nuestro cuerpo,  tenemos el derecho de cuidar nuestro cuerpo, de amarlo, celebrarlo y agradecerlo.

¡En nosotras radica la posibilidad de dejar habitar a Dios en nuestro espacio fecundo! ¡En nosotras anida la posibilidad de ser engendradas por Dios para alumbrar la nueva humanidad! ¡En nosotras el sello de Dios nos permite dar a luz, alimentar y cuidar creaturas nuevas, realidades nuevas! El silencio de nuestra palabra, la exclusión de nuestra experiencia y el desconocimiento de nuestra fe han producido verdades a medias. En una Iglesia  que defiende la exactitud de la lógica teológica, las mujeres tenemos derecho de expresar  a Dios balbuceándolo con símbolos y viviéndolo con gestos que no siempre querrán ser comprendidos.” (8)

La espiritualidad, una manera de vivir, es también una manera de seguir a Jesús: la mujer tiende a vivir las cosas de manera unitaria y a valorar lo cotidiano evitando sobre estimar los momentos aislados, así también entendemos la espiritualidad, no deja fuera ninguna dimensión de la vida.

En la experiencia pastoral de los distintos lugares en donde me ha tocado compartir la fe, casi siempre fue con mujeres pobres de barrios marginales y mujeres indígenas de comunidades marginadas. Ellas oran a Dios desde esas realidades, desde el propio sufrimiento, la salud y la vida para sus familiares, para los huérfanos, las viudas. Para estas mujeres, partir del propio sufrimiento no las deja encerradas en él, al contrario, salen del individualismo a la experiencia comunitaria. En medio de estas vivencias cobra un nuevo sentido la experiencia del Dios de la Vida, se constituye así el anuncio convincente del mismo Dios vivo que ha querido que tengamos vida en abundancia.

El ecofeminismo como respuesta de globalización humana y sostenible, es un reto y una gran esperanza. Propongo el ecofeminismo como respuesta de globalización humana y sostenible aprendiendo de  la experiencia indígena que cuida y protege el medio ambiente y de la experiencia de las mujeres que cuidan y protegen la vida, como una nueva forma de espiritualidad en la que todos y todas tenemos mucho que aportar, en donde nadie nos podemos sentir que no nos corresponde.

La visión indígena del medio ambiente 

Podemos afirmar sin lugar a equivocarnos, que la visión indígena de la naturaleza, del cosmos, es relacional. Para el indígena, la tierra  es la Pachamama,  (9) es decir, el rostro femenino de Dios; en ella se cultiva y se cría la vida, es cuna de la cultura, el lugar donde se forjan el hombre y la mujer. L@s indígenas se relacionan con la naturaleza como padre y madre dador de vida, los demás seres vivientes llegan a ser los hermanos y las hermanas que cohabitan con el hombre.

La alternativa indígena 

El mundo indígena con una praxis real, ha ido realizando alternativas de relación armónica con la tierra, hasta que los ecologistas se fijaron como una alternativa ecológica valida. Cazar, pero no para el comercio y cultivar la tierra para vivir, pero cuidando la tierra, entrando en reciprocidad con ella a través de tecnologías tradicionales que incluyen la dimensión simbólica religiosa, constituyen hoy en día en uno de los medios de sobrevivencia creativa para el presente y el futuro de la humanidad. (10)

Leonardo Boff en su libro “Grito de los pobres, grito de la tierra” en capítulo VI,  nos dice también que la sabiduría ancestral de los pueblos indígenas está hecha de la observación del universo y de la escucha de la tierra, así también dice que existe una mística de la naturaleza. Para los pueblos originarios la tierra  es la fuente de la vida y del cuerpo, principal sacramento de Dios. El trabajo significa la colaboración que el ser humano presta a la madre tierra para la atención de las necesidades humanas. “La política y la técnica, están sometidas a la ética y la ética a su vez demanda una espiritualidad y una mística que nos dan fuerza y entusiasmo interior para definir el sentido de la vida y encontrar un significado al universo entero. Sólo una mística y una espiritualidad sustentan la esperanza, más allá de cualquier crisis” (11)

Retomo aquí las palabras de Eleazar López en el Encuentro de Riobamba. (12)   “Los indios de este continente Tahuantinsuyo, Anáhuac o Abya-Yala, llamado ahora América, percibimos claramente este paso creador y liberador de Dios entre nosotros. Decimos a las hermanas y hermanos lo mismo que la virgen de Guadalupe al indio Juan Diego cuando ella oyó con su corazón que el tío Juan Bernardino, símbolo del pueblo pobre, estaba punto de morir por la cocolixtli: “Es nada lo que te asusta y te abate, no se turbe tu rostro y corazón” (13)

Los indios por la fuerza del espíritu que nos mueve podemos invitar a l@s herman@s a transitar con  nosotr@s. Porque podemos hacer que Cipactli o energía del caos originario, se transforme de nuevo en cerros sólidos y fuertes, en arroyos y lagunas fecundas, en trópico cálido y bello”. 

Por supuesto que es vivir en el Espíritu lo que les hace esperar contra toda esperanza, aún cuando hay razones para la desesperanza. La experiencia integral indígena puede aportar para seguir haciendo presente aquí y ahora el Reino de Dios.

En el Tepeyac cultivamos flores (14)

“Durante la noche y durante el invierno que nos han impuesto, los indios cultivamos en nuestro Tepeyac diversas y variadas flores finas, fragantes, hermosas, perfumadas. Y tenemos valores que dan sentido a nuestra existencia y a nuestra esperanza. En los cerros de nuestros pueblos encontramos al Dios de nuestros padres, a Aquel por Quien Vivimos, al creador de personas, al Dueño de lo que está Cerca y Junto, al Señor del Cielo y de la Tierra, al Dios de la vida que nunca nos ha abandonado”… “Queremos producir un cambio verdadero, que construya una casa grande en donde vivamos todos los pueblos de la humanidad, de manera más digna, más humana, más divina…. Reconocemos que el único dueño del jardín es Dios y nosotr@s sus cuidadores y cuidadoras”

. Los árboles den fruto, los ríos no se sequen, reverdezcan los cerros. Que un nuevo amanecer; juntos todos los pueblos, dancemos  la danza de  la vida en plenitud, comamos y bebamos saboreando junt@s  lo que Dios Padre y Madre nos ofrece. (15)

Quiero con estos elementos mostrar un pensamiento alternativo a partir de la sabiduría de l@s indígenas, hacer visibles otras sabidurías, otras lógicas y otros saberes. Quiero escuchar y aprender de esas voces que siempre han estado en diálogo con la naturaleza y el cosmos, desde ahí descubrir junt@s que el proyecto de Dios es que vivamos en paz, sin violencia, con equidad y armonía, darle cabida a la sabiduría, al corazón, la intuición y la ternura.

Necesitamos ver y soñar de nuevo, más allá de lo superficial, de lo utilitario y sectario, recrear elequilibrio y aprender a acercarnos a la creatividad de lo femenino, de la imaginación, del artista, del profeta. Nos llama a enfrentar el desafío que trae la inclusión de lo femenino contra una espiritualidad patriarcal de origen, una sociedad con estructura jerárquica, un mundo cerrado en un solo sexo que solo ve con un ojo, oye con un oído y piensa con la mitad del cerebro humano. Un mundo que hoy amenaza la existencia real del planeta, que necesita la presencia de la otra mitad de la raza humana”. (16)

Donde el sueño de Dios se haga realidad, complementándonos, ayudándonos hombres y mujeres a ser más human@s. A seguir cuidando la vida, la vida de nuestro planeta. Sin duda que cuando podamos vivir en armonía, respetándonos un@s a otr@s, también  nuestras relaciones con el cosmos serán más justas y equitativas. Será la aurora en la que la humanidad pueda vivir, gozar en armonía.

Recuperar ese ser de las y los que no cuentan, de los invisibilizad@s, desde los lugares de resistencia, aprender a pensar desde su sabiduría, para estar abiert@s a la alteridad, a la riqueza de la diversidad, a la posibilidad de abrir espacios de diálogo de seres, saberes y sentires diferentes.

El Espíritu hace del cosmos su templo, el lugar de su actuación y manifestación. Acogiendo la habitación, los cristianos podrían desarrollar una  actitud distinta ante el universo. Surgiría una espiritualidad espontánea, cósmica y ligada a los procesos de la naturaleza y de la historia. Integraríamos más fácilmente el feminismo y la mujer, pues ella está mucho más próxima que el hombre al misterio de la vida.(17)

Para finalizar quiero retomar a un poeta que vivía esa mística de la omnipresencia del Espíritu: “El Espíritu duerme en la piedra, sueña en la flor, despierta en los animales, sabe que está despierto en los hombres y siente que está despierto en las mujeres”. Tales visiones nos ayudan a alimentar la mística ecológica. Formamos un todo en el Espíritu y con el Espíritu creamos el nuevo mundo que necesitamos, pues El hace nuevas todas las cosas.

A vivir la experiencia de una teología y espiritualidad comunitaria y relacional, comunitaria y concreta. Hasta hacer posible aquí y ahora los cielos nuevos y la tierra nueva, donde las fronteras del Espíritu se ensanchan hasta los horizontes inclusivos del Reino de Dios.

NOTAS

1 LEON, Portilla Miguel, En torno a la historia de Mesoamérica, Tomo II, UNAM, Méx. 2004. Pp.300-312.

2 H.VON BALTHASAR, Das Evangelium als Norm and Kritik aller Spiritualitat, citado por Marcelo de Barros en artículo: Los gemidos de la creación (desafíos de la onda ecológica actual a la teología de la liberación)

3 I Foro Internacional de mujeres indígenas: http:// www.mejeresenred.org.

4 Zubía Martha, Mujeres y Ciudadanas: artesanas invisibilizadas de derechos humanos”Cuadernos Dusto dederechos humanos, no.44 2007. P.12

5 Garcia Reyes Marisela, “mujeres sabias y de corazón valiente”. Catequesis sobre Judith, Ruth y SusanaCEFIPI. 2000.

6 Expresión que José Ma. Arguedas pone en boca de  Matilde, esposa de Fermín, protagonistas de la novela “Todas las Sangres

7 Elsa Tamez..”El rostro femenino de la teología” San José DEI 1986. P 73.

8 Zubiría, Georgina, “Los derechos humanos dentro de la iglesia católica” seminario organizado por católicas por el derecho a decidir, México 2005.

9 Pachamama, literalmente significa “Madre Tierra”. Expresión Quechua que loa andinos utilizan para relacionarse con la tierra como la madre de la vida.

10 Sarmiento T. Nicanor, Conferencia” Humanizando la economía global” Una mirada indígena del medio ambiente. 

11 BOFF, Leonardo. “Grito de los pobres, grito de la tierra” Cap. VI.

12 Encuentro de Riobamba, ponencia: “Inculturación: Los indios ante el tercer milenio. Riobamba Ecuador 1998.

13 Nican Mopohua, No. 75

14 LOPEZ, Hernández Eleazar, Encuentro de Riobamba ponencia : Los indios ante el tercer milenio. Pp.76-77.

15 Mensaje final del III Encuentro Ecuménico latinoamericano de Teología India, Cochabamba, Bolivia 1997.

16 CHITTISTER, Joan, artículo: “recordando la visión; abrazando el sueño”. 2006.

17 BOFF, Leonardo, “Ecología, Mundialización y Espiritualidad” Editorial ATICA, Méx. 1996.